La Educación en El Salvador: Praxis y Pensamiento en el Siglo XXI, Universidad Pedagógica de El Salvador

La Educación en El Salvador: Praxis y Pensamiento en el Siglo XXI, Universidad Pedagógica de El Salvador

15 Marzo 2013 By In Investigación
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Dr. Pedro Ticas
Director de Investigación Científica y Transferencia Tecnológica

RESUMEN

Con un antecedente sobre las reformas educativas, y la concepción de la Educación Nacional,  el autor articula la política educativa de la Universidad Pedagógica de El salvador, a partir de una nueva concepción de la educación del siglo XXI. Pensar la educación es el fundamento filosófico que se enuncia como el proceso de integración de las particularidades e identidades étnicas, económicas, educativas,  tecnológicas, académicas y humanas internas  en este devenir.
 
ABSTRACT
As an antecedent on the educational reforms, and the national education perception, the author articulates the educational policy of Universidad Pedagógica de El Salvador, as a starting point from a new educational perspective in the 21st Century. To think about education is the philosophic fundamental that it is outlined as the integration process of the particularities and ethnic, economic, educative, technological, academic and human inner identities in this evolution.

INTRODUCCIÓN Premisas indispensables

Debo comenzar por señalar que esta conjunción de ideas sobre “La Educación en EL Salvador: praxis y pensamiento en el siglo XXI” reúne el pensamiento, quehacer, xdexperiencia y saberes acumulados a lo largo de muchos años en esta casa de estudios, de manera que, resulta pues, de la interacción de las ideas y la operatividad metodológica que cotidianamente realizan estudiantes, profesores y cada una de las autoridades que conducen este cuerpo del saber, por ello, resulta substancial abordar premisas básicas para el determinio de la observancia epistemológica educativa nacional, presentar una primera aproximación que revela la necesidad ontológica del desdoblamiento histórico, filosófico y empírico del paso metodológico del HACER al HACER y responder a la concatenación de las múltiples partes de la Educación diferenciadas por sus particularidades, pero articuladas por sus singularidades en función de sus propias transformaciones teóricas, filosóficas y empíricas.

El fenómeno histórico de la Educación Nacional

Ciertamente tomaría mucho tiempo detallar los pormenores teóricos, pedagógicos y empíricos que el concepto de la Educación Nacional ha experimentado desde sus primeros asomos académicos hasta su ascensión científica alcanzada después de casi dos siglos, por ello, en esta oportunidad nos ocuparemos fundamentalmente de exponer las macro concepciones educativas y desde luego, sus formas de realización operativas desde las cuales hemos estructurado nuestros presupuestos epistémicos, técnicos y metodológicos que nos conducen al cumplimiento de nuestro cometido pedagógico.

En términos generales, la historia de la educación salvadoreña comienza en la cuarta década del siglo XX, esto significa que la tarea de planeamiento de la problemática de la educación de acuerdo a criterios de proyección y previsibilidad, fue alejada e ignorada por las subsiguientes administraciones gubernamentales del país. La primera concepción planeada de la educación nacional está contenida en el Decreto Nº17 publicado en el Diario Oficial Nº 267 del 8 de diciembre de 1939. Antes de esta fecha lo que ahora es el Ministerio de Educación estaba incluido en el llamado Ministerio de Relaciones Exteriores, Justicia e Institución Pública. A partir de la reforma educativa del 8 de diciembre de 1939 con fines y objetivos precisos, se inicia la autonomía del Ministerio de Educación. La reforma de la educación de 1939/1940  fijó los marcos o esquemas que el nivel primario conservó hasta la década de los años 60. Aunque en 1956 aparecen nuevos programas de Educación Primaria, todavía en 1967 se desarrollaba  un sistema educativo que comprendía: el primer ciclo de primaria (1º y 2º grado); segundo ciclo de primaria ( 3º y 4º grado) y plan básico que tenía estudios de carácter terminal. La escuela vocacional preparaba al individuo para áreas como corte y confección, cultor de belleza, arte, decoración y otros; este contemplaba el grado de 7º, 8º y 9º grado. El área de oficina preparaba  taquimecanógrafas con el grado de 7º y 8º y el área de tenedor de libros con el grado de 7º, 8º, 9º y 10º, bachillerato (10º y 11º grado), y secretariado (10º y 11º). [1]

En realidad hasta 1967, el  “sistema educativo” no era otra cosa que una serie de cursos de instrucción técnica en las que el individuo aprendía y desarrollaba ciertas habilidades cognitivas o psicomotrices. Naturalmente, dicho concepto estaba asociado al sistema y formas económicas del país. Se trataba de un sistema que respondía a formas económicas distribuidas en pequeñas unidades productivas (haciendas, fincas cafetaleras, pequeños comercios, unidades manufactureras y otras en las que muy poco se necesitaba fuerza de trabajo con mayor nivel académico, más bien, en estricto sentido el “sistema educativo” resultó ser funcional para los intereses de la política económica nacional sustentada en formas socioeconómicas de pequeños feudos.

Más adelante, la Reforma Educativa de 1968 generó algunas modificaciones en torno al concepto de educación, el cuál, si duda alguna, redistribuyó los niveles académicos incorporando la educación Parvularia como inicio del proceso educativo. De acuerdo a la Ley General de Educación, la educación formal comprende los niveles de parvulario, básico, medio y superior, también se atiende la educación de adultos; la educación especial, la educación inicial y la enseñanza de las artes. La educación parvularia, luego de la reforma se ha convertido en el nivel inicial del sistema. Este nivel atiende a niños de 4, 5 y 6 años. La educación es el nivel que ofrece una cultura general y promueve y desarrolla la personalidad integral del escolar. Comprende tres ciclos, en términos normales atiende a niños de 7 a 15 años de edad, tiene 9 años de estudio. Cada ciclo comprende tres años de estudio. Estos son conocidos como primer ciclo de educación básica (3 años), segundo ciclo de educación básica (3 años) y tercer ciclo de educación básica (3 años).

La Supervisión Educativa, se inició como una Dirección dependiente de la Dirección Nacional de Educación con tres Directores Regionales de Supervisión y 103 Supervisores de Distrito y 14 Departamentales. En el año 1992 se constituyó como una Dirección Nacional de Supervisión y con apoyo del Proyecto SABE se diseñó un mapa educativo por medio del cual se constituyeron 15 Supervisorías Departamentales y 210 Distritales, correspondiendo a cada una de ellas un promedio de 25 escuelas entre urbanas y rurales.

El compromiso y quehacer universitario

En ese marco, con atinada definición filosófica y práctica de su política educativa, la Universidad Pedagógica se apresta al cumplimiento de las exigencias internacionales modernas, y fundamentalmente, lograr que dicha modernidad se explicite en las concepciones científicas del desarrollo académico y humano en cada uno de los sectores socioculturales que agrupa y educa  para el fortalecimiento de la nación salvadoreña.

Sin  lugar a dudas, la enseñanza escolarizada de hoy  no pertenece únicamente a la esfera  de lo nacional, en realidad, su carácter supranacional la convierte en Unidad y Opuesto de lo multinacional. La Unidad de su carácter filosófico consiste en su propio pensamiento universal traducido en sistemas de información, colocación y asimilación de códigos comunes que faciliten el intervínculo entre los estados. Su carácter Opuesto, comprende las diversidades supranacionales que intentan asimilar esos códigos pero que dada su propia historia y la historia de sus hechos, no logran incorporar ni asimilar dichos códigos.  Pero la enseñanza escolarizada también contiene otros elementos que circundan el arte de enseñar, aprender y educar. En su sentido más amplio, la enseñanza moderna ha incorporado diversos mecanismos para formar mentes con visión de futuro que respondan al concepto globalizador de educar. Dicho concepto sólo puede ser comprensible en el marco de las construcciones pedagógicas, técnicas, metodológicas, cognitivas y filosóficas globales, en las cuales, desde luego, aparecen dos formas relativas para su aplicación: la regionalización y lo que denominamos “área educativa”.

La globalización (expresada filosóficamente desde el determinismo geográfico y políticamente desde el principio geopolítico de regionalización), adquiere un carácter predominantemente unilineal que obliga a intelectuales, académicos, docentes e investigadores a la articulación de procesos de investigación con temas afines (en algunos casos impuestos por la moda, coyuntura o mercadotecnia) que conduce peligrosamente a conocer más sobre el otro, lo otro, que sobre el mismo yo; esto significa la transformación educativa que pasa de su concepción inicialmente formativa a una concepción predominantemente informativa con breves y rápidos mensajes que dejan en el cerebro conclusiones inducidas por su forma y no por su contenido.

Por su parte, lo que denominamos “área educativa” surge como derivación de la educación informativa como una de sus consecuencias. Como hemos dicho antes, “las disposiciones políticas, económicas e ideológicas de la educación globalizada mal entendida o mal ejecutada, obligaría a los países industrializados a regionalizar las formas, contenidos y procesos de enseñar y educar, es decir, promover, desarrollar y apoyar modelos educativos regionales orientados a una agenda teórica, metodológica y pedagógica común con el objetivo de homogeneizar el conocimiento de manera unilineal instructiva y mecanicista, bastará para ello, implementar un modelo básico y técnico”[2]. Dicha política educativa concluye en la formación de áreas educativas en las cuales se producirán ciertas formas y niveles de conocimiento que al distinguirlos y agruparlos facilitaran la regeneración del modelo global. En tales condiciones, el conocimiento de los fenómenos emergentes en las realidades nacionales constituye premisa necesaria para el quehacer universitario, de manera que la enseñanza universitaria con responsabilidad social se obliga a la realización de innumerables estudios sobre distintos fenómenos que intervienen en las formas y sistemas de la vida nacional, esto es, en las esferas de lo económico, cultural, histórico y político que se expresen en las particularidades de la sociedad.  En esa línea, las investigaciones realizadas por todas las generaciones de estudiantes y profesionistas formados en la universidad deben ser siempre la respuesta del compromiso con la sociedad nacional y la producción universitaria en la cual, la educación entendida como proceso de ascensión del sincretismo enseñanza-aprendizaje, conocimiento y predicción del devenir social, constituye uno de los instrumentos fundamentales de nuestra universidad, por ello, el hecho que el país no cuente con una tradición en investigación científica-social, ofrece la ventaja para crear corrientes teóricas propias y fundamentadas, desde luego con la debida exigencia científica a partir de los métodos apropiados para la correcta lectura de la realidad nacional, equivocar el METODO puede implicar el desprendimiento pleno de lo propio y la invisibiliización de lo histórico. Este país, ha sido objeto de estudio y experimentación de tantas y disímiles teorías propias de las ciencias sociales o naturales que en poco menos de medio siglo la producción de pensamiento nacional ha sido anulada o expulsados voluntariamente hacia naciones con mayor reconocimiento a la inteligencia y el conocimiento.

Pensar la Educación

Pensar la educación en su sentido más amplio es crearla y recrearla en todas sus formas, figuras, contenidos, símbolos y otros tantos que resultan imposibles de describir y explicar en un mismo intento teórico, de hecho, con el avance tecnológico de las sociedades, el concepto educativo se diversifica de manera disyuntiva con apremiante celeridad. Las maneras y formas de educar y hacer educación se complejizan en virtud del cumplimiento del saber científico y aunque en algunas sociedades se expresen de manera superficial, educar y hacer educación exige la comprensión teórica del término pero sobre todo, el sentido histórico de sus particularidades.  Ciertamente la educación en su versión escolarizada asume su función holística y normativa, aunque esta norma no se exija de manera equilibrada, es decir, el conocimiento simétrico entre todas las sociedades humanas que conforman este planeta.

Precisamente al respecto de las asimetrías educativas en las sociedades, el estudio sobre Educación ha requerido múltiples consideraciones históricas, metodológicas, filosóficas y teóricas desde la conformación de las primeras sociedades humanas hasta las sociedades actuales, mismas  que demandan nuevas formas de construir el pensamiento de manera tangible, práctica y moldeable a la comprensión del todo como unidad. Para lograr esta comprensión, el conocimiento debe superar la reflexión filosófica de la educación y contraponer las particularidades relativistas del mundo empírico que conducen riesgosamente a conclusiones imbricas de la realidad. En ello, la educación empírica a la usanza occidental aplicada a la pluriculturalidad latinoamericana, no hace más que soslayar las formas históricas y culturales de las múltiples identidades nacionales que se norman en cada uno de los pueblos latinoamericanos. Conviene entonces pensar y repensar el sentido de la Educación del siglo XXI en el marco de las propias realidades históricas y culturales de la multietnicidad que ahora conforma y se construye en cada unidad familiar.

Con toda seguridad, sin Identidad Nacional no puede haber Educación[3]. Se trata de discutir sobre el futuro de la nación representada y constituida por grupos, sectores sociales, económicos, políticos, ideológicos y culturales que dinamizan esta sociedad. En el mismo sentido, se trata de mayor involucramiento del profesorado en sus interrelaciones con el alumno para motivar su interés por el aprendizaje. Para ello el profesor deberá elevar su conocimiento teórico, metodológico y didáctico. Formular y diseñar programas de asignaturas de acuerdo a las demandas sociales, introducir tecnologías, planificar, organizar, evaluar, informar y lograr mayor participación de los alumnos. Así pues, si bien pueden alcanzarse nuevas formas de Hacer Educación, también se corre el riesgo de caer en las más absolutas determinaciones que obstaculizan el conocimiento teórico-científico ocultado por interpretaciones generales del saber común.  Por ejemplo, la libertad de cátedra mal entendida, es decir, eludir  las propias responsabilidades de enseñanza a cambio de supuestos modelos de “participación” y “discusión” de los alumnos. Desde luego que su participación es indispensable, pero la obligatoriedad de enseñar bajo las exigencias académicas que superen el empirismo a ultranza, es y será responsabilidad de la institución y del profesor.  Asimismo, el profesor se obliga al aprendizaje continuo, a la competencia y competitividad permanente con similares nacionales e internacionales, sobre todo, frente al nuevo orden mundial de la economía regionalizada que ahora se articula a través de los llamados Tratados de Libre Comercio.

Educación y Política Educativa

Como hemos dicho,  Pensar la Educación y su respectiva Política Pública requiere de la más amplia elaboración histórica de los hechos que la construyen, tanto en el plano intelectual, material y político. La educación resulta de los procesos acumulativos que las sociedades ostentan durante sus distintas etapas de formación, desarrollo y transformación, en tal caso, el pensamiento se transforma de acuerdo a las exigencias y formas de producir el mundo, aunque desde luego, de acuerdo a las circunstancias propias de cada sociedad, las formas de producir el mundo varían de acuerdo a las condiciones propias, esto es, el modelo educativo que resulta de lo propio fortalecido por lo externo Vs. el modelo que resulta de lo externo sin inclusión de lo propio.

La  Política Educativa no resulta únicamente de la decisión administrativa de implementar una Política Pública sin el debido proceso académico-técnico, pensarlo de esta manera significaría la más pura superficialidad del ejercicio del conocimiento, el saber y la ciencia, es decir, la mera especulación temporal y sin rumbo, por el contrario,  la Política Educativa se establece a partir de cometidos históricos, culturales, económicos y sociales que construyen una nación en función de su propio devenir[4]. Desde luego que como toda política, por su carácter, responde a una serie de enunciados administrativos que la hacen tangible, errónea o certera en su concepción u aplicación, en todo caso, corresponde a los diseñadores y aplicadores de esas políticas, elaborar los diagnósticos respectivos con la finalidad de identificar los problemas y proponer las soluciones pertinentes.

Discutir y Pensar sobre la Educación exige un sinnúmero de consideraciones de orden histórico e historicista (cronológico) pero fundamentalmente, de incorporar al debate a todos y cada uno de aquellos que han participado en la construcción teórica, pedagógica y metodológica de múltiples métodos, formas, técnicas y modelos de enseñanza escolar, en las cuales sus aportes intelectuales han incidido tanto en la formación académica como cultural. Sin duda que discutir sobre la problemática educativa nacional tanto en sus alcances y limitaciones demandaría mucho más tiempo e investigación, la misma disimilitud de sus variables históricas harían imposible un recuento acabado y exacto de la historia educativa salvadoreña, sin embargo, resulta importante e imperativo observar la Educación desde el pensamiento universitario que debido a su exclusión, muy poco ha producido en la organización escolarizada de la nación. Pese a esta condición histórica, este siglo XXI exige nuevas demandas, modernos procesos de integración de las particularidades e identidades étnicas, económicas, educativas, tecnológicas, académicas y humanas internas y externas para cada nación. Los pequeños mundos creados y fomentados durante los siglos anteriores deben comprenderse como el pasado oscurantista de las asimetrías históricas de los estados, por ello, la responsabilidad y el compromiso histórico del pensamiento universitario debe dejar de ser isleta y convertirse en producción intelectual constante, integradora, forjadora de conocimiento, progreso, ciencia y humanismo. En este espíritu, merecen especial atención las contribuciones teóricas del pensamiento de la Universidad Pedagógica, el cual sin duda alguna, no puede concebirse únicamente hacia su interior ya que su mismo cometido le impone el desdoblamiento filosófico de trascender hacia la actividad académica de toda la nación.

Llamamos particularidades e identidades a todas las formas de expresión institucional, cultural, económica, social, grupal e individual manifiestas en cualquiera de las formas de la actividad humana simple y compleja.[5] Hoy, sincrónicamente con la historia de las sociedades, las nuevas formas de presencia de estas identidades requieren del desarrollo de sus principales elementos, de aquellos que las conforman, agrupan y reproducen, de manera que el todo social se articule funcionalmente.  En este siglo, pensar la identidad filosófica-educativa de la universidad significa la interacción intra e inter-sistémica institucional. Las identidades de hoy ya no son las identidades cerradas de los micromundos de los siglos anteriores, con ello, debemos comprender que sólo su fortalecimiento interno les posibilitará el mejor intercambio con otras identidades, de lo contrario sus posibilidades de existir y posteriormente ocupar un lugar en la mega etnicidad se limitarán hasta  su propia reducción.

 

Epistemología de la Educación: nuestra propuesta

El tema educativo requiere mejores y nuevas formas de discusión y estructuración teórica, epistemológica, histórica, filosófica y metodológica, todas ellas, en función de la responsabilidad social vista más allá de las contemplaciones ecológicas, naturalistas o de su cometido social; la buena educación escolar implica elevar la calidad del conocimiento científico, técnico y académico, fortalecer la  identidad, el nacionalismo, desarrollo, progreso y  competitividad internacional de ese conocimiento expresado en cualquiera de sus formas. Para lograr este cometido se requiere imperativamente del conceptualizar, diseñar y ejecutar una política educativa institucional fundamentada en una misma categoría que se interrelaciona, intervincula e interactúa con el resto de categorías y conceptos que conforman el quehacer educativo, esto es el METODO. Sin duda que en su forma (información, conocimiento) la educación varía de acuerdo a los tiempos y espacios, pero en su contenido (Método) se constituye su propia identidad teórica, filosófica, epistemológica, técnica y metodológica, eso hace la diferencia entre el  HACER y el SABER, entre hacer ciencia y producir ciencia, entre enseñar y educar. Se trata de un proceso de ascensión de lo abstracto a lo concreto, es decir, de la transformación de las ideas mediante la intervención de la realidad y viceversa, un proceso de superación del conocimiento mediante su propia transformación, su propia realización.  Proponer el  Método significa su observancia epistemológica, la ruptura de sus interpretaciones, la formulación de nuevas particularidades cognitivas, técnicas y metodológicas y la verificación y atribución  de su propio modelo (paradigma). La observancia epistemológica implica acercarse, conocer, vigilar y  controlar la aplicación de las formas técnicas y metodológicas utilizadas para enseñar, aprehender y educar. La observación constante aporta múltiples indicadores para el ejercicio humano de educar, con ellos, se conforman diversas categorías claves para el sistema que permite la conexión entre el saber y el hacer, de manera que entre las figuras del emisor y receptor media el Método, es decir que la información que el emisor proporciona  puede ser controlada (entendida) por el receptor de acuerdo al proceso epistemológico que se emplee. Todos los receptores reciben la misma información pero cada uno la interpretará (significado) de manera distinta, esa diferencia es obra del Método. Por su parte, la ruptura de sus interpretaciones refiere la Unidad y transformación de las mismas a partir de propuestas adherentes a la realidad cambiante pero a su vez constante en el conocimiento, de suerte que los modelos expresen la consistencia epistémica, técnica y metodológica de su accionar empírico trascienda la especulación teórica y alcance la designación de lo objetivado.  Resuelto el tema de la ruptura, las particularidades adquieren una función técnica-metodológica singular a las múltiples formas de enseñar con el preciso objetivo de educar en el saber. Sin duda que formular nuevas particularidades comprende la constante verificación y atribución de modelos propios sincrónicos con disimiles realidades. Pensar y hacer educación en la heterogeneidad histórica, económica y cultural de las pluralidades étnicas, exige la más amplia contrastación entre teoría y realidad, entre pensamiento y realización de ese pensamiento, el cual, sin menester de su diversidad, debe lograr la unicidad de sus razones colectivas y la multiplicidad de sus funciones.

 

Al respecto, la Universidad Pedagógica de El Salvador se fortalece frente a las demandas que caracterizan a las sociedades competitivas actuales. Para el sistema capitalista, la globalización del conocimiento dejó de ser un PROYECTO AMBICIOSO y se convierte en CONDICION DE SUBSISTENCIA SISTEMICA para cada una de las sociedades en este siglo. En materia educativa, las nuevas exigencias de calidad, compromiso social, identidad, competencias y competitividad constante son y serán en los próximos cien años, el reto principal para cada una de las instituciones de enseñanza académica, fundamentalmente de aquellas de nivel superior en las que particularmente lo Educativo ha sido objeto de trabajo y NO sujeto prioritario para el desarrollo y el progreso nacional[6]. Desafortunadamente, en algunos países latinoamericanos, tal separación entre el conocimiento y el progreso nacional ha sido provocada por agendas políticas nacionales copiadas o impuestas desde modelos de organización del Estado que muy poco han impactado en el crecimiento socioeconómico de ellos mismos, en tal caso, la Educación ha sido objeto del más abrupto paso del SABER al HACER en el cual, su práctica empirista ha quebrantado su propio espíritu filosófico, humano, social y científico. En El Salvador, apenas iniciamos un nuevo siglo y las convulsiones políticas, socioculturales nacionales no esperan. Se trata del siglo del CONOCIMIENTO vrs  INSTRUCCIÓN, se trata de nueva cuenta, de una nueva división internacional del trabajo que pone en evidencia los enormes rezagos nacionales de más de dos siglos, condición nada estimulante para el crecimiento y desarrollo. Pese a esta condición, el estado nacional cuenta con los instrumentos necesarios para ordenar un proceso de inserción mundial con dignidad y respeto, sin embargo, hasta el momento, parece no ser punto de agenda y menos aún, de proyecto de nación. En realidad, hoy en día, el estado nacional debe elaborar su propio Directorio sobre sus propios recursos  institucionales, materiales y especialmente de aquellos recursos humanos que producen CONOCIMIENTO, así lo realizan en otros países en los cuales las EMPRESAS INNOVADORAS entienden que el TALENTO constituye el principal CAPITAL de una empresa, institución o entidad social. En este marco de alternancia contrapuestos o alternancia entre el CONOCIMIENTO y el  INSTRUCCIONISMO, la UNPES constituye uno de los recursos nacionales más importantes, su propia identidad y su cometido institucional rebasan la esfera de lo privado cumpliendo su cometido público a través de su producción teórica-educativa nacional que conceptualiza, dinamiza y ejecuta un Modelo Educativo Nacional Integral tanto en los plano teórico, metodológico y empírico.  Nos enfrentamos al siglo de mayores contrapuestos en la historia de las sociedades. Hoy, la distancia entre sociedades industrializadas y sociedades rezagadas es más evidente y la distinción entre el conocimiento y la ignorancia se hace más evidente. La sobreproducción material de los países industrializados generada en los últimos 100 años convierte a buena parte de países latinoamericanos en simples mercados domésticos. En el mismo orden, el conocimiento adquiere un nuevo valor. Ahora, a través del TLC, la compra de conocimiento científico-académico adquiere doble dimensión, por ello, los países industrializados diseñan políticas educativas para formar fuerza de trabajo técnica orientadas a crear una enorme masa de ejército industrial de reserva calificado que responda a las exigencias de las posibles sociedades cibernéticas del siglo XXII, y aunque los avances educativos en su nivel técnico son importantes para un grupo de población, el mismo diseño nace con la contradicción de necesitar el conocimiento especializado que facilite el crecimiento de la masa técnica latinoamericana, por ello, el Banco Mundial se apresura a establecer clasificaciones de países “aptos” y “no aptos” de manera que, de nueva cuenta, aunque matizada, la teoría Darwiniana de la “sobrevivencia del más apto” resurge en el destino de las naciones dependientes. Basta con mencionar algunas de las premisas establecidas por esa entidad[7]:

 

CONCLUSIONES

Sin duda que para algunas sociedades, el concepto de INNOVACION EDUCATIVA figura como circunstancia novedosa, sobre todo en aquellas instituciones con políticas de enseñanza-aprendizaje con predominante orientación filosófica positivista  (empírica, pragmática) en las cuales, las relaciones epistemológicas del conocimiento científico verificado por su realidad, ha sido substituida por el practicismo, el tareismo y la práctica imbrica y especulativa. Desafortunadamente, el concepto de Innovación Educativa ha sido mal entendida y se orienta predominantemente hacia las innovaciones tecnológicas, bioquímicas y otras muy propias de las ciencias naturales, exactas y tecnológicas, condición que desde luego, por su nivel de desarrollo,  no cumple El Salvador.

La INNOVACION EDUCATIVA "implica creatividad, transformación, dinamismo, articulación sistémica de sus partes y particularmente conocimiento. Se construye a partir de la interacción e intervínculo de todos los órganos que hacen posible la existencia y funcionabilidad del sistema y su condición sincrónica depende de su representatividad de la realidad”[8]; por tanto, en la “educación escolarizada, lo más importante se expresa en el METODO y no en sus contenidos temáticos, el cual se realiza en la escuela de pensamiento y se ejecuta en procesos técnico-metodológicos[9].   En este marco, en la universidad Pedagógica el mandato político, conceptual y administrativo   expresa con claridad los principios filosóficos de la institución.  Por ello, se han puesto en marcha los lineamientos que nos demandan la celeridad por impulsar y ejecutar la calidad educativa de manera holística fortaleciendo el conocimiento y profesionalismo de estudiantes y profesores con el objetivo de producir pensamiento, teoría y doctrina educativa propia.


[1] Organización de Estados Americanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura, 1996.
[2] Ticas, Pedro, Prolegómeno de una antropología de la educación salvadoreña, Ed. Universidad Pedagógica de El Salvador, 2007. Pág. 120
[3] Ticas, Pedro, Antropología educativa, Ed. CCC, México, D.F., 1994. Pág. 32
[4] Ticas, Pedro, Políticas públicas y gobernabilidad, Ed. CCC, México, 1994. Pág. 213
[5] Ticas, Pedro, Cultura y progreso: las formas sincréticas, El Día, México, DF., 12 de julio de 1992. Pág. 11
[6] Ticas, Pedro, Prolegómeno de una antropología de la educación salvadoreña, Ed. Universidad Pedagógica de El Salvador, El Salvador, 2007. Págs. 111-112
[7] Ticas, Pedro, Idem. Pág. 113
[8] Ticas, Pedro, Antropología Educativa, Ed. CCC, México, 1994. Pág. 165
[9] Ticas, Pedro, Op. Cit. Pág. 223

 

Visto 296124 veces Modificado por última vez en Martes, 11 Junio 2013 09:02
Uperspectiva

Uperspectiva es una revista semestral cuyos artículos presentan temas que ponen en relieve la Ciencia y Educación en una relación estrecha y determinante para el desarrollo de un país: la ciencia como factor de cambio social y la educación como el eslabón en la cadena entre el conocimiento y su aplicación en la realidad, así pues la ciencia produce conocimiento.

Los artículos de Uperspectiva están basados en investigaciones y experiencias educativas de los autores que enmarcan tres ejes principales: Tecnología, Investigación y Pedagogía.

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“No hay duda que todo conocimiento empieza con la experiencia

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